José Guadalupe Posada el creador de “La Catrina”

José Guadalupe Posada nació el 2 de febrero de 1852 en la ciudad de Aguascalientes. Fue un grabador, ilustrador y caricaturista mexicano. A los 16 años empezó a trabajar en un taller, donde aprendió litografía. En 1871 creó 11 litografías para El Jicote, con esto comenzó como caricaturista político. También participó en otros periódicos realizando grabados, como La Patria Ilustrada, Revista de México, El Ahuizote, Nuevo Siglo, Gil Blas, El hijo del Ahuizote, entre otros.


Sus obras representaban a la sociedad: la tragedia, marginalidad, desigualdad, miseria, tristeza que existía en el Porfiriato. Además de eso sus piezas criticaban a las clases políticas, todo mediante la sátira y el humor. Más de una vez fue a la cárcel por sus críticas a las altas esferas. Sus grabados de calaveras simbolizaban todo tipo de personajes como revolucionarios, bandoleros, damas de alta sociedad.


José Guadalupe Posada realizó alrededor de más de veinte mil grabados, hechos en litografía o plancha de metal. Además de mostrar la manera en qué vivía la clase obrera, su trabajo también manifestaban catástrofes naturales, accidentes, suicidios, hechos sobrenaturales, crímenes y corridos revolucionarios. Igualmente creó calaveras literarias, son poemas cortos, tradicionales del Día de Muertos, en donde se hace el uso de la burla y crítica a personalidades importantes como si estuvieran muertas.


Posada es muy famoso por la “Calavera Garbancera” en 1910, mejor conocida como “La Catrina”. La palabra garbancera provenía de los vendedores de garbanzo, los cuales eran pobres y aparentaban ser ricos. Intentaban tener el estilo de vida de los europeos. La caricatura portaba un enorme sombrero de plumas, similar a los que utilizaban en Europa a principios del siglo XX. No usaba ropa, con el objetivo de transmitir la hipocresía de las personas. En la actualidad esta imagen se relaciona con el Día de Muertos.


Murió en 1913, tan pobre como había nacido. Sus restos nadie los reclamó, quedaron en el olvido dentro de una fosa común. El reconocimiento llegó después, el pintor Jean Charlot editó sus planchas. Las nuevas generaciones de artistas estimaban su estilo y la asociación que tenía con la gente.